Hace algún tiempo alguien me comentaba que lo peor de la
crianza eran los malos ratos que los niños te hacen pasar y no me refiero a las
rabietas ni a las noches en vela ni a la casa hecha una pocilga inundada en
juguetes y recortables, sino más bien a las terribles e incómodas situaciones
a las que tienes que enfrentarte por su culpa, dejándote en evidencia delante
de cualquiera.
En su día, yo me mostré incrédula porque ¿acaso puede haber
algo peor que el maldormir? seguramente no -y creedme que lo sigo pensando-,
pero también es cierto que por aquel entonces la idea de que la pelirroja me
jugara este tipo de malas pasadas se me antojaba más lejano y complicado y
además, ya había salido airosa de sus exhibicionismos callejeros y sus otras
lindezas.
Bueno, pues ahora ya sé a lo que se refería ese alma cándida
y maltratada por su prole, ahora que a la nena se le entiende a la perfección y
que ha tomado expresiones tipo Punset que a saber dónde ha oído, la vida se me
complica aún más y a nuestros conciudadanos también.
Y es que la pelirroja nunca ha sido especialmente agradable,
pero al menos no iba por ahí soltando las cosas que ahora con su verborrea de
cuarenta y siete años y su cerebro de 3 y medio tiene a bien soltar para
infarto de miocardio de la menda y risas del populacho.
Así, por ejemplo, el otro día que nos subimos al ascensor de
una tienda con un matrimonio de alto copete, la niña empezó se tapó la nariz y
empezó a sacar la lengua medio tosiendo falsamente y vociferando que aquella
colonia olía 'mussha pezzte' y que no se podía respirar, en clara referencia a
la señora que era de ésas que se vuelcan medio tarro de Carolina Herrera antes
de abrir un ojo, pero que tampoco merecía semejante humillación pública, máxime
cuando el marido dijo algo así como '¿A que sí, nena? Es que esta Pilar se
perfuma para dos meses' y la señora casi se desmaya y yo casi pierdo el pelo...
Y lo peor es cuando tratas de excusarla y dices algo así
como 'No, no da besos porque le da vergüenza' y ella suelta 'No, ez que ez muy
fea y no me guzta, mamá' y tú insistes 'No, jaja, -aquí ya notas tu cara
explotar de rubor- es que le da vergüenza, lo que yo te diga...' y ella que no
se calla ni debajo de agua insiste 'Que no mamá, ez que ez fea y me da zuzto' y entonces optas
por callarte y huir.
O ir a casa de una amiga con hijos y que suelte eso de 'mira
mamá, aquí todo ezta dezordenado y ez pozilga y no paza nada'. Y entonces
escucho mentalmente la voz de mi madre que me dice que debo dejar de usar
determinadas palabras delante de la niña.
O que en mitad de la sala de espera de una consulta médica grite
'huele a gaz, mamá, ¿a que alguien ze ha echado un gaz? ¿a que zí?' mientras
todo el mundo se hace el sordo y yo rezo para que no entiendan que gaz es pedo
y que crean que hay un escape de Butano. Pero nadie corre, así que imagino que
saben lo que es.
O el 'Mamá ¿a que eza señora tiene el culo muy grande? Ezo
ez porque zólo come chuches ¿a que zí?'. Y yo trato de silenciarla sin
regañarla en público para que la señora no se dé cuenta y acabe en el psicólogo
o en Naturhouse comiendo piña y todo es estrés y tic en el ojo.
O como el otro día en una farmacia, que el dependiente le
dijo que era tan guapa que parecía una muñeca y cuando yo le dije que lo que
tenía de guapa lo tenía de mala, él se rió y dijo 'entonces será la muñeca
diabólica' y ambos nos reímos y la niña enfadada se acercó y me dijo 'Ezo no
tiene gracia. Dizezelo, dizezelo que no tiene gracia' y el farmacéutico hundido
hizo como que no la oía mientras yo huía hacia la salida a toda velocidad.
Y da igual cuántas veces le regañe o le explique que esas
cosas no se dicen porque ella me responde cosas como 'ez que ez verdad mamá...
no ez mentira y la verdad ze puede decir, ¿a que zí?' y entonces veo que he
caído en mi propia trampa y decido cambiar de conversación.
Igual a los 4 años le puedo explicar lo que son las mentiras piadosas.
Igual a los 4 años le puedo explicar lo que son las mentiras piadosas.



















