La madre folclórica ama sobre todas las cosas el calendario
festivo de su ciudad –y el de las localidades aledañas- y no sólo no se pierde
ni un solo momento de la Semana Santa
o de la Feria
sino que las vive activamente como si se le fuera la vida en ello y, por
supuesto, obliga a toda su familia a hacerlo también como si estuvieran
contratados por el Ayuntamiento para animar el cotarro a modo de atrezzo
festivo.
Así, en Semana Santa, los niños tienen obligación de salir
en al menos tres procesiones, a elegir entre de nazareno, de monaguillo o de mini
mantilla y el resto de los días a ir itinerario en mano persiguiendo todos y
cada uno de los tronos, perfumados en incienso y con un limón ‘cascarúo’
ardiéndole las comisuras de los labios, que nadie dijo que esto tuviera que ser
divertido.
La madre folclórica también adora la Feria y tiene trajes para
que se vista toda la familia y para dejar en herencia a toda La India, así desde el bebé que
lleva cubrepañales de lunares hasta el mayor vestido de campero, pasando por un
par de minimarisoles con trajes cortos y tacones de la talla 21 en rosa fucsia,
la familia al completo se entrega a las sevillanas y al solano como si no
hubiera un mañana y bailan y sudan a partes iguales y trasnochan cada día hasta
que los gitanitos acaban hincando la cabeza en la mesa de la caseta junto a dos
platos de tortillas secas y un arroz plastoso que tira a verde.
La madre folclórica también se viste de marenga para el día
de la Virgen
del Carmen y, por supuesto, viste a su prole y los obliga a desfilar descalzos
por el paseo marítimo y gritarle ‘guapa’ a la Virgen con la biznaga clavándosele en las sienes
y refregándole el helado de chocolate a medio coro rociero. Y si el bebé llora,
eso es de emoción pura. Que no se diga.
La madre folclórica tampoco se pierde las fiestas de los
pueblos de los primos segundos de su abuelo paterno y allá va, vestida de
fallera o de lagarterana, según mande la ocasión dispuesta a darlo todo y a
hacer de pinche en la elaboración de la paella más grande del mundo.
La madre folclórica tampoco hace ascos a la navidad y desde
el puente de la Inmaculada
y hasta el día de Reyes tiene a la niña vestida de pastora y sólo la deja
cambiarse de noche, cuando le coloca el pijama-traje de Papa Noel que encima es
de los chinos y pica un poco pero… y lo mona que está.
Total, es una vez al año…
Total, es una vez al año…
(Nivel de identificación personal con 'la madre folclórica' 6 sobre 10.)
Y repetimos:
Cada lunes, un nuevo modelo de madre en ‘Madre sí hay más que una’. Entendemos que son tipos muy puristas y que más de una podéis picar de varios a la vez, pero de cualquier manera, hagamos autocrítica y encasillémonos, será divertido!! Los que no seáis madres podéis encasillar a las vuestras, a vuestras hermanas, a vuestras amigas o a vuestras mujeres… que todo sea crítiqueo y algarabía. Eso sí, que conste que desde ‘Hija no hay más que una’ no queremos juzgar a ningún prototipo de madre, o no mucho al menos, así que, por favor, que nadie se ofenda que nos va a tocar a todas… pero entretanto, a divertirse!
Y repetimos:
Cada lunes, un nuevo modelo de madre en ‘Madre sí hay más que una’. Entendemos que son tipos muy puristas y que más de una podéis picar de varios a la vez, pero de cualquier manera, hagamos autocrítica y encasillémonos, será divertido!! Los que no seáis madres podéis encasillar a las vuestras, a vuestras hermanas, a vuestras amigas o a vuestras mujeres… que todo sea crítiqueo y algarabía. Eso sí, que conste que desde ‘Hija no hay más que una’ no queremos juzgar a ningún prototipo de madre, o no mucho al menos, así que, por favor, que nadie se ofenda que nos va a tocar a todas… pero entretanto, a divertirse!