Hay gente que dice –de verdad que lo he escuchado- que la
mujer cuando se embaraza está más guapa que nunca, que se ilumina la cara, se
le suavizan las facciones y se le nota toda la felicidad en la mirada.
Pues a ver, conmigo eso no funcionó. Se ve que como yo tenía
muchas náuseas y muchos ardores y estaba desprendida y acojonada -por culpa de
todos esos foros comecerebros en los que me apunté en plan madre psicópata-, lo
que mi cara reflejaba no era felicidad propiamente dicha, era más bien un ‘¿alguien
puede, por favor, inducirme el coma y no despertarme hasta que haya cumplido la
semana 40?’ y claro, eso belleza lo que se dice belleza, no daba mucha.
Digamos que yo me convertí más bien en una versión chunga de
Falete, pero con menos rimel –y sin kimono, Dios me libre- y más espinillas
porque para mí los embarazos son una vuelta a la adolescencia y al Clearasil la
mar de mala, que se ve que mientras las hormonas les dan a otras luminosidad, a
mí me dan acné juvenil y un curiosón tono verdoso poco favorecedor. Injusta que
es la vida.
Y es que aunque la barriga me creciera hasta términos
insospechados –que la gente me preguntaba si llevaba gemelos o una cría de
mamut- la cara, además de ponérseme verde aceituna, me iba adelgazando y alargándose
para luego hincharse por lugares rarunos hasta convertirme en un indio viejo feísimo,
en el de Poltergeits para ser exactos.
Imagino que el tener una cara de ‘oledora de mierda’ perenne
no ayudaba mucho a mi belleza exterior, pero es que pasarse la vida con el vómito
detrás de la oreja, olfateando alrededor en busca de la causa de tanto malestar
gástrico y tantas ganas de morirse no era un estado muy agradable que digamos.
Pero para ser justos diré que es cierto que durante el
embarazo tuve pelazo, bueno a ver, pelazo para mí, acostumbrada como estoy a mi
pelo de rata y me crecía como a la
Rosaura que tenía mi amiga Eu que con apretarle un poco los
tornillos que tenía en las axilas se le alargaba hasta diez centímetros. Eso sí,
el pelazo era un poco indómito y crespo, que todo se puede tener en esta vida,
pero fue desembarazarme y volver al estado inicial, así que poco me duró el
cuento, algo injusto digo yo, sobre todo, teniendo en cuenta que la cara de indio no sé si he acabado
de superarla…