Ya os dije no hace mucho que se me hacía raro tener un niño
varón y no porque la pelirroja fuera una niña y ya me hubiera acostumbrado a
los vals y a las vaginas sino porque me resulta raro y difícil criar a un
mozuelo por el simple hecho de ser yo una mujer y entender de las cosas de
mujeres y de tacitas y de barbies y de maquillajes y de novietes y de
estilismos que reduzcan los centímetros de cadera. Pero en cuestiones de
varones, pues mire usted, no. Ya no de superhéroes ni de fútbol ni de bolsas
escrotales sino de juegos, batallitas o técnicas para ligarse a una chica en el
viaje de estudios antes de llegar al destino.
Me dice la gente que para eso está el pater, que sabrá
explicarle la teoría del cazador discotequero con clase y elegancia como yo
sabré explicarle a la pelirroja las técnicas de cómo ligarse a quién quiera
haciendo creer que ha sido idea del otro, básicamente para poder seguir
haciéndose la interesante como hacía su madre cuando era soltera y entera –y no
tenía esta cara de loca, ni estos pelos de Eduardo Manostijeras ni estas ojeras
oscuras y profundas- y era una chica molona y güenorra. Pero qué queréis que os
diga, no me fío. Ni del pater ni de nadie. A ver si le va a estar enseñando a
mi niño técnicas erróneas aprovechando que yo no estoy familiarizada con el
asunto y ahora va y se liga a una choni maligna que me lo convierte en un choni
y me engendra nietos chonis. Pues eso, que vivo sin vivir en mí. Máxime cuando
ya he decidido cómo quiero que sea el cigoto, que si se cree que va a ser como
quiera, teniendo sus propias opiniones y estilo y tomar sus propias decisiones,
va listo. Que para eso lo tiene una 10 meses engendrándolo en la barriga para
que ahora venga con el rollo de ser una persona autónoma y libre. Ni mijita.
Y tampoco tengo claro cómo hacer para no convertirlo ni en
un matón ni en el pavo de la clase sino dejarlo en el justo medio, que con los
niños los estereotipos son más duros que con las niñas que no tienen que
enfrentarse a torneos de fútbol ni luchas en el patio ni competiciones de
gallito. Muy complicado todo.
Pero, como digo, no hay problema porque ya he decidido cómo va
a ser cigoto y no hay más que hablar. Y es que después de arduas
consideraciones, he decidido que cigoto sea el capitán del equipo de fútbol
–prefiero el tenis pero creo que allí no hay capitanes- o el cuaterbag
estrella, que eso sale mucho en las pelis de instituto y se ve que mola un
montón, aunque sea yo la que tenga que montar un equipo de rugby –¿o es fútbol
americano?-. Y, por supuesto, estará muy bueno y será muy bueno, pero no tonto,
un tipo simpático hasta decir basta y listo, muy listo, además de responsable y
familiar y con un estilazo que ni el Kortajarena. Por supuesto sacará buenas
notas y caerá bien a todos y será el alumno favorito de los maestros y el amigo
predilecto de todos y el hijo que las madres quieren y el novio que todas las
mozuelas desean y en la fiesta de primavera será el rey del baile y será alto,
pero no Tachenco, y guapo pero no empalagoso y tendrá pelazo y se lo atusará
descuidadamente mientras las carpeteras suspiran a su paso.
Sí, eso quiero. Y punto.
Sobre todo, después de que mis aspiraciones pelirrojiles de
tener una niña finita, de pelo largo y mirada serena, que enamorara a su paso y
fuera estilosa e hiciera ballet y fuera lista y sensata y dulce empiezan a caer
en saco roto… Que mi pelirroja es una monería, que no digo yo que no, pero
hablar con la zeta y a gritos, hacer la croqueta en el suelo a la menor
oportunidad y levantarse el vestido mostrando las braguitas en cualquier
ocasión y momento creo que no nos llevan por el buen camino… Vamos, digo
yo.