jueves, 17 de julio de 2014

Publicidad, sobornos y otras maravillas. ¡Pisamonas celebra su semana sin IVA!



Ya os he dicho mil veces que la pelirroja come poco tirando a nada, con el sufrimiento que eso me genera a mí y  a mis nervios de madre aprensiva,  sin embargo, la criatura aprovecha lo que poco que engulle –no quiero imaginar la adolescencia que nos espera-  y no sólo parece repetidora en su clase de Infantil sino que de un mes a otro los vestidos se nos quedan cortos y los zapatos pequeños. Un sinvivir.

Eso, sumado a que Cigoto ya empieza a dar sus primeros pasos –cogido de la mano y sin mucho entusiasmo, que todo hay que contarlo-, vuelvo a colocarme en el punto de partida veraniego para invertir en un par de zapatos para los pelirrojos, fresquitos, con un diseño atractivo y por supuesto, de calidad. Que lo de andar pegando tiritas en cuclillas en mitad de la calle, ya me lo sé y no, no me pasa más.

Así que nuevamente, acudo a mis amigos de Pisamonas, que tienen una web cómoda, bonita e intuitiva, cuentan con un amplio catálogo de productos de la mayor calidad, con cuidados diseños, materiales de primera y unos precios inmejorables. Y lo mejor de todo, me dejan comprar desde casa con la tranquilidad de poder mirar al detalle cada modelo, sin malévolos niños correteando de un lado a otro.






 Pero por si esto fuera poco, esta semana –hasta el día 20 de julio- celebran su semana sin IVA, es decir, una semana en la que una amplia selección de artículos cuesta un 21 por ciento menos. Ojiplática me quedo. Vamos, que yo personalmente voy a aprovechar y a invertir hasta en zapatitos de piel para el otoño...














Y para las que precisen de un empujón para la compra online, recordad que los chicos de Pisamonas no os cobran gastos de envío y además, el cambio de talla es gratis. ¿Qué más se puede pedir?

Vamos, que el único problema que vais a tener ¡es no saber qué elegir! Merceditas, alpargatas, cangrejeras, bailarinas, menorquinas, pepitos… y un larguísimo etcétera de preciosos zapatitos de primerísima calidad...

Pasaos que nos arrepentiréis!!




















lunes, 14 de julio de 2014

El camping y otros sustos



Cuando la abuela me dijo que se llevaba a la niña al camping de sus tíos, se me pusieron los pelos de punta por aquello de que una es madre aprensiva y la pelirroja una bomba de relojería en lo que a coqueteos con la muerte se refiere, y si en casa es capaz de dejarse menisco y medio contra la pared en un giro de tres cuartos mientras ve el canal Disney, de qué no sería capaz en terreno abierto, libre cual cervatillo y de secuaz de la prima Sara, conocida en el mundo entero por su capacidad de hacer el mal y de divertirse y divertir a la cualquiera. Lo que viene a ser una chica popular de seis años de toda la vida de dios. Con lo que molan. Y claro, para la pelirroja, de cuatro, que vive empanada en su mundo de princesas Sofía, eso es lo más de lo más.

Así que para hacerme la guay dije que sí, no antes de hacerme con una caja de lexatines auténticos -mitad para mí, mitad para la abuela que se la llevaba- y de aleccionar a la niña como si se fuera a la guerra de Afganistán, llenándola de miedos varios, -que es lo que hacen las buenas madres- y previendo que antes de dos días estaría llorando para que fuéramos a recogerla, que la nena es fiestera pero nunca ha pasado tanto tiempo fuera de casa y mi niña es muy chica y necesita estar con sus padres. Pobrecita mía.

Pues no. Ni mijita. Lo cierto es que sí que ha llorado pero sólo a la vuelta porque no quería volver a casa -malévola traidora- y de hecho, cada vez que la telefoneábamos, la abuela tenía que perseguirla para que nos cogiera y cuando lo hacía repetía cual cacatúa 'Me eztoy portando bien, le hago cazo a la abuela y te quiero musho, mamá, pero ahora tengo que irme' y me dejaba con el pipipipi y con la cara partida mientras esta preadolescente encerrada en el cuerpo de mi hija de cuatro años, se iba a la piscina a hacer coreografías con sus nuevos amigos o al cine de verano que ponían en el club infantil, con una alocada vida social que ni Lady Gaga, mire usted.

'Ez que ezta nosshe me voy a hacer las trencitas porque luego me voy a la discoteca' me dijo una tarde así a las bravas y yo que no estoy preparada para tener una hija que vaya a la discoteca, ni siquiera a una de parvulitos menores de ocho años, me vi obligada a echarme una mascarilla rejuvenecedora para venirme arriba.

Y no sólo es que pelee con la abuela para ducharse sola, ella que es tan floja que no quiere ni abrocharse los cordones de los zapatos, sino que exige entrar sola al recinto de la piscina para que no crean los nuevos amigos que es una niña bebé, ella, que ya tiene acumulados 56 meses de vida. Hombre ya.

Pero lo mejor de todo el asunto  -lo peor según el pater que ya ha ido a sacarse el permiso de armas- es que se ha echado una pandilla de amigos, donde hay una pareja de gemelos con los que las primas Jiménez ya han hecho ojitos y al parecer pasean por la parcela pelando la pava con sus labios pintados y sus bolsos de Peppa Pig al hombro. Y el otro día, al parecer, la madre de los críos las invitó a merendar a su caravana, imagino que para ver de qué calaña eran las mozuelas que rondaban a sus retoños. Y teniendo en cuenta que la pelirroja sólo come potitos y que iría pintada como una puerta con su maletín de maquillajes de Hello Kitty, no tengo claro si habrá congeniado con la suegra y si habrá o no boda en marcha.

Con lo bien que me vendría su cuarto para una salita de lectura.

lunes, 7 de julio de 2014

Cigoto el pandillero



Que Cigoto es un ser malvado es algo que descubrí más pronto que tarde por aquello de ser madre repetidora, que ser madre repetidora te enseña mucho y además de a ducharse con muñecos clavados en los pies sin perder el equilibrio ni las ganas de vivir y a peinarse en el coche con el cepillo de la Barbie y conseguir un acabado decente, también te enseña a distinguir la seña del mal entre tus filas.

Y es que mientras su hermana se pasaba los primeros meses de vida frita sobre un cojín, sin encontrarle más sentido a la vida que el de beberse un biberón cada tres horas y volver a coger el sueño en un bucle de diversión sin límites, el hermanísimo ya planeaba mil maneras de escapar de la cuna, a ser posible cabeza abajo y con el mando del aire acondicionado en la boca para ir dándole emoción al asunto y a ser posible, comerse una pila. O las dos..

Pues bueno, los meses han ido pasando y Cigoto ha ido perfeccionando sus técnicas malignas para dar rienda suelta a su instinto vikingo, dejando un reguero de estrés y caos a su paso. Así ir con él a la piscina es perseguirlo por todo el recinto mientras corre como un loco a cuatro patas, se purga con el césped y lame las chanclas ajenas que va encontrándose a su paso como un tesoro de incalculable valor, sobre todo si tienen pelusones, y eso cuando no roba pelotas, paletas, manguitos y flotadores, en ocasiones empleando la intimidación enseñando sus gigantodientes de Bob Esponja, como si fuera un lating king descolorido.

Vamos, que este niño, con su año recién cumplido y sus violentos andares a gatas como si fuera una niña poseída, se nos está yendo de las manos, Que más pronto que tarde, lo veo en Hermano Mayor, que yo ya hasta me he puesto a dieta por aquello de los 5 kilos que engorda la cámara.

Y es que con Cigoto todo es ansiedad porque no quiere carro ni parque ni hamaca ni nada que no sea gatear sin descanso, trepando a la mesa del salón para saltar luego al sofá y de ahí a la barra de la cocina, el objeto de deseo cigotil. Y si lo frenamos y lo sacamos del triángulo del peligro, vuelve a iniciar el recorrido como si no fuera con él. Ni ‘no’, ni ‘trastras’ ni ‘niñomalo’ ni cara de loca de libro.

El problema es que el pelirrojo empieza a disfrutar de su maldad, vamos que ya no sólo lo hace por instinto sino por diversión.

Por ejemplo, hace unos días estábamos en una cafetería y le dimos un medio bollo de pan para que se entretuviera y no quisiera salirse del carro. Lo cogió, nos miró con desdén y en plan adolescente rebelde, lo lanzó con fuerza a cabeza de la señora de la mesa de al lado –que la criatura se ve que había ido a la peluquería-  y se lo dejó encajado en el cardado mientras el malvado se reía a carcajadas a sabiendas de su hazaña.

Y ayer mismo en la piscina se fue gateando hasta la reja que la cerca y empezó a trepar por ella hasta colocarse de pie, agarrando con las manos y con la cara aplastada contra el alambre. Entonces me miró y me enseñó la dentadura y como veía que lo miraba y no le decía nada, decidió doblar la apuesta y se soltó de una mano para quedar balanceándose adelante y atrás de un solo brazo, como un pandillero juvenil vacilón.

Pues eso, que lo doy en adopción.