jueves, 3 de abril de 2014

Una hora menos



A mí el cambio de hora me desconcierta. Mucho. Y no sólo porque no lo entienda –como alguien intente explicarme lo de las horas de luz y si dormimos más o menos, le saco los ojos- sino porque me causa una especie de jet lag de pobre la mar de malo. Y digo de pobre porque no es como venir de la Polynesia, que si una tiene jet lag pues lo va pregonando por ahí para que todos sepan lo bien que vive  y, además es un precio mínimo a pagar por unas vacaciones de señora. El mío sin embargo, es un jet lag basura que no ha desembocado de ningunas vacaciones exóticas sino del cambio de las manecillas del reloj del salón. Qué tristeza más grande.

La cuestión es que no levanto cabeza y eso que la gente dice que es una cuestión psicológica. Y un cuerno. Que yo de lo mío no estaré muy buena, que nunca he dicho lo contrario, pero este agotamiento extremo y estas ganas de quitarse la vida a las seis de la mañana, antiguas cinco de la mañana, cuando todo es cuerpo del revés y shock multiorgánico, son tan reales como las ojeras que ya casi me llegan a la coronilla de esta profundidad tan oscura que están alcanzando.

Y es que levantarse a la misma hora, pero una hora antes, es una cosa que cuesta mucho, sobre todo si te levantas a las seis y media y ahora sean en realidad las cinco y media. Sí, las cinco y media. Porque a esa hora no hay nada bueno en el mundo, que ya lo decía mi padre cuando mi hermana y yo llegábamos a esa hora con las botas en la mano para no hacer ruido y la cara de pavor ante un inminente sermón. Y mi padre siempre ha sido un sabio para estas cosas.

Pero una no tiene bastante con estar al borde la muerte cada mañana, sino que tiene que soportar cada noche que los pelirrojos se declaren en huelga de sueño porque los biorritmos ésos no son tontos y si a los biorritmos les sumamos que hace un solano impresionante hasta las tantas -que hasta mi casa que es un búnker está iluminada- pues a ver quién consigue que la pelirroja se me duerma. Que es que el cambio de hora es una cosa muy mala.

Sin embargo los perracos no notan el cambio de hora para despertarse, y ya sea lunes, jueves, sábado o fiestas de guardar, tienen los ojos como platos a las siete y media. A las siete y media de antes y a las siete y media de ahora. O sea que aquí no duerme ni Dios. Y ahora menos que nunca. Vamos, que tengo el colágeno por los suelos. Con la necesidad que tengo yo de colágeno... Y de ir a la Polynesia.

Si es que no hay respeto por nada.

miércoles, 2 de abril de 2014

La hernia y otros desengaños


Ayer tuve una hernia. Bueno, en realidad ayer fue el día en que dejé de tenerla porque tenerla la he tenido una quincena. La última quincena del mes para ser exactos, porque de todos es sabido que una puede tener una hernia el tempo que le parezca oportuno y a mí una quincena me pareció el periodo hernial perfecto.

Todo comenzó en el embarazo de Cigoto el malvado, que me salió un bulto en el ombligo con pinta de hernia umbilical, pero fue nacer el caballero y desaparecer la bola y yo viví feliz hasta hace como una quincena, que empezó a molestarme esa zona y me acordé de la hernia. Y ya no hubo vuelta atrás. Herniada.Qué terror.

La culpa la tiene la mamma que siempre me decía aquello de ‘agáchate que no te vas a herniar’ cada vez que una se ponía perezosa en su adolescencia. Y claro, una cosa llevó a la otra y aquí lo tenemos, herniada. Como una maldición gitana.

Estar herniada es una cosa muy de viejos o muy de agricultores y yo, que quieren que les diga, pues como que no me identifico con ninguno de los colectivos, pero una no elige herniarse como quien elige un color de barra de labios, una se hernia y ya está. Cuánta tristeza.

Así que dado que estaba herniada, empecé a elucubrar como sería una operación de hernia porque lo más normal, digo yo, es que me quisieran operar y ponerme una malla de esas para contener que la cosa se vuelva a salir. La idea de la malla me daba pavor porque eso sí que es de enferma, pero luego pensé que igual me daba cierta reafirmación en la zona abdominal y empecé a verle color al asunto.

Lo que no me gustaba era la idea de que me operaran por el ombligo. Por el ombligo ni mijita. Que a mí no me toca el ombligo ni Bradley Cooper, que una es muy sensible y le tiene pánico al ombligo. Y cada uno gestiona sus miedos como puede.

Así que mejor pensé que me hicieran una rajita y que me durmieran sólo de media cintura para abajo, aunque la epidural no me hace mucha gracia, menos me lo hace aún la vomitera que me dio después del nacimiento de la pelirroja y no sé yo si esta vez me darían primperán en el suero...

Lo peor era el tiempo porque ahora me viene muy mal una operación, como tengo yo la casa… y con los roperos por cambiar con esto del cambio de estación y Cigoto con los gateos. Muy mal todo. Aunque igual la cosa no es de urgencia y puede una dejarlo un tiempo en stand by hasta que los niños crezcan un poco por si me da un yuyu con la anestesia y se me quedan huérfanos.

La parte positiva era el encame. Loca estaba por trincar mi mando con fianza y mi cama articulada. A nadie se lo iba a contar para no tener visitas ni bombones. Sólo cama articulada arriba y abajo y mucha telebasura.

Bueno, pues ahora resulta que voy a mi médico para que me diagnostique esta hernia que me tiene soseía desde mediados de mes y va y me dice que ahí no hay hernia ninguna. ¿Pero qué invento es ése? '¿Pero ha tocado usted bien? Toque otra vez', le dije en plan ansiosa porque a mí ya no me podían quitar mi hernia imaginaria con la de planes que había hecho al respecto… 'Señora -me dijo, yo creo que para herirme-, soy cirujano desde hace 30 años y lo único que tiene usted ahí son gases'.

Pues eso, que me han quitado mi hernia para endiñarme una bolsa de gases, con lo feo y lo ordinario que es eso.Vamos, que me niego. Que yo voy a seguir diciendo por ahí que lo que me duele es la hernia. Igual así hasta me libro de coger a Cigoto.

martes, 1 de abril de 2014

Más trucos para sobrevivir si eres (mala)madre


1.- Cómprate un disco duro multimedia y métele dentro todas las películas de princesas que haya en el mercado y todas las series de cerdas insoportables y mexicanas exploradoras con su mono asexuado, sienta a tu hija enfrente con una bolsa de gusanitos y dale al play. De nada.

2.- Dado que cada noche tienes que contarle un cuento con los ojitos güertos de cansancio y la cara de ‘me voy a desmayar en 3,2,1’, aprovecha e invéntate uno con moralina en tu beneficio. Así Cenicienta se puso mala y tuvieron que ingresarla en el hospital porque no comía pescado y no pudo ir al baile ni conocer al príncipe, Blancanieves no recogía sus cosas y los enanos se las robaron y la dejaron en la calle por cochina porque tampoco se lavaba los dientes y Caillou se quedó calvo porque nunca quería peinarse y se le cayeron los pelos. Pedagógico no creo yo que sea mucho, tampoco nos vamos a engañar, pero funcionar funciona y, mire usted, Piaget siempre me pareció un pamplina.

3.- Retrasa lo máximo posible el invitar a los amiguitos de clase de los nenes a los cumpleaños porque en cuanto abras esa puerta ya nunca la podrás cerrar y te verás cada fin de semana de fiesta infantil en fiesta infantil con tu cara de apio, tu estuche de Peppa Pig envuelto en celofán y tu minivaso de plástico de fanta de naranja. De Hacendado y sin burbujas, para mayor tristeza.

4.- Da igual que no seas escrupulosa: no compartas el vaso ni los cubiertos ni ninguna otra cosa que pueda portar y transportar los virus de tus hijos. Ellos pasarán la varicela como quien pasa un catarro y tú pasarás la gripe como si hubieras contraído el ébola y encima tendrás que seguir haciendo todo lo que haces cuando no te estás muriendo. Definitivamente, ponte a salvo.

5.-Ten preparadas varias excusas ingeniosas y explicaciones creíbles para cuando te asalten con preguntas incómodas cómo de dónde vienen los niños, por dónde salen, por qué se muere la gente y adónde se va y todos esos temas maravillosos que les encantan a los niños y que te dan ganas de hacerte la muerta... Probablemente, con estas cuidadas y preparadas explicaciones les dejaras más confusos que antes pero no se trataba de educarles sino de salvar el pellejo, que todo no puede ser.