No todos los niños son iguales. Los hay más guapos y más
feos, más altos y más bajos, más simpáticos y más desagradables y también más
torpes y más listos porque como diría mi abuela, de todo ha de haber en este mundo.
Mi pelirroja no es especialmente espabilada, para qué nos
vamos a engañar. No es torpe -no mucho, al menos- pero tampoco es una lumbrera,
sobre todo, si se la compara con alguno de los niños prodigio –en plan listo,
no en plan Joselito- con los que me he topado desde que empecé en este malvivir
de la crianza y que parecen señores mayores encerrados en pequeños cuerpos de
poco más de un metro de altura –bueno, aquí sí como Joselito-. Muy raro todo.
Así, cuando yo, ilusionada e ingenua cual madre primeriza,
iba por ahí presumiendo de que mi niña ya decía mamá, me topaba con algún
pequeño competidor-arruina-ilusiones que era capaz de recitar tres poemas
seguidos de Lorca sin respirar; o cuando yo anunciaba que la nena ya andaba
agarrada de una sola mano, aparecía alguno que era capaz de correr los cien
metros lisos a la pata coja, o cuando se comió su primer aspito y yo la miraba
con el corazón en la boca y el número de urgencias marcado en el móvil por si
se ahogaba, alguno ya se comía los pistachos a puñados y escupía las cáscaras
como un loro profesional, de ésos que van en bicicleta.
Así que acabé por aceptar que llegaríamos tarde a cualquier
fiesta, pero que eso no me coartaría para celebrar por todo lo alto cualquier
pequeño avance de la nena, que bastante trabajo le costaba a la pobre llevarlo
a cabo.
Pero claro, no contaba yo con las madres de los niños
prodigio, que son casi peor que sus engendros y que en grupo, junto a otras
madres ‘avanzadas’, presumen de su descendencia hasta límites insospechados y
tirando de inventiva si es preciso, dando lugar a duelos sin piedad y a tensas
conversaciones surrealistas.
- ¿Que tu niño de dos años come solo? El suyo, de uno y
medio ya usa los palillos chinos con la soltura del maestro Miyagi.
- ¿Que tu niño cuenta hasta diez? El suyo se sabe la tabla
de multiplicar y la lista de números primos.
- ¿Que tu niño baila el ‘Ai seu te pego’? El suyo, vals
vienés.
- ¿Qué tu niño recoge sus juguetes? El suyo le hace la
colada. Separando colores.
Y así hasta el infinito. Qué estrés.
Así que al verlas agradezco que la pelirroja no sea la
primera de la clase y que, incluso, en
la guardería haya suspendido algo así como ‘el conocimiento del círculo en el
entorno’–sí, sí, en la guardería hay notas-, porque con la mala cabeza que tengo
desde que soy madre y las pocas neuronas que sobreviven a mi día a día, a ver
cómo iba yo a poder salir airosa de semejante duelo maternal con esa pandilla
de madres profesionales.
jajaaaaaaaa, que me troncho, estas madres no saben al final si es un poquillo listo y tienen suerte no engordarán la lista del paro,
ResponderEliminarDímelo a mí, que era de Matrícula de Honor, jejejje
Eliminarsi, si, de pequeños todos los niños de las madre-coraje son listisimos y si no acordaros de la pantoja y la thyssen diciendo que sus niños sacaban muy buenas notas y al final mira...
ResponderEliminarLo peor de este tipo de madres, es que ellas se lo creen. Conozco a una que decía que con dos años y medio, la suya había empezado a leer, y la nena solo había aprendido que el letrero con la cruz verde, era una farmacia. Y cuando la mirabas asombrada por la tontería que estaba diciendo, afirmaba con los ojos abiertos como platos.
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