lunes, 14 de abril de 2014

Semana horribilis


La Semana Santa es una cosa muy mala. Sobre todo si vives en el centro y estás rodeada de recorridos oficiales, extraoficiales y oficiosos, casas hermandades, iglesias centenarias y parroquias con agitada vida pastoral. Y lo que es peor, dos millones de fieles fervorosos locos por plantarse en una esquina y quedarse allí hasta el día del juicio final sin dejar que nadie pase, ni aunque le esté dando un infarto de miocardio, que para eso llevan guardando el sitio dos horas con sus bocatas de salchichón y sus paquetes de atramuces –cuyas cáscaras escupen al suelo como llamas chilenas- como para que ahora venga un listo y pretenda dar guerra quedándose tieso antes de que pase la banda de música de Almogía.

Yo, personalmente, trato de huir de la Semana Santa, cerrar los ojos muy fuerte como cuando se te viene a la cabeza algún pensamiento horrible de ésos que me dan desde que soy madre -y me invento que estoy en un crucero y se hunde y tengo que tratar de salvar a los pelirrojos- para hacer como que me lo estoy inventando pero por mucho que los cierre, los tambores de los orcos se escuchan desde el salón y a la niña se le vuelven los ojos de la emoción y ya hay súplicas en bucle hasta que me gana por agotamiento.

También, antes de que empiece el frenesí, planeo atrincherarme tras el sofá hasta el Domingo de Resurrección, alimentándome sólo de mendrugos si hace falta y dejar pasar los días en silencio para que nadie me huela siquiera, pero claro, una tiene una familia, que es semanasantera como la que más, y por mucho que trate de hacerme invisible y esconderme haciéndome bola como una cochinita, mi casa tiene teléfono y portero electrónico y funcionan y, claro, no me dejan vivir.

Así que por mucho que lo intente, siempre acabo tirada en la calle a deshora, con la mala cara de Courtney Love, ensordecida gracias a la trompeta de plástico de la pelirroja que emite sonidos del inframundo, aplastada por tres millones de personas enfurecidas, controlando que la niña no se me despiste y acabe aplastada por un trono de tres mil toneladas y con un algodón de azúcar del tamaño de Brasil pegado en el pelo.

Si es que esto no es vida.

15 comentarios:

  1. La verdad que es lo mismo todos los años y la gente tan fervorosa me parece una ridiculez, tranquila que sólo son ocho días. ...lo malo es ir con el cochecito y que no se mueva ni Dios y encima te miren mal por hacerles moverse....tardo poco en soltar "que me dejéis pasar ,coño" jijiji

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  2. Pues yo este año voy dando bandazos por las calles con mi panza de 5 meses para no perderme nada importante con lo friqui q soy, con la enana volviendose loca con los tambores,pataleando como si no hubiera mañana. Y pidiendo mas fiesta incluso a las 12 de la noche cuando intento dormir...estoy por ponerle cascos a la barriga con las marchas procesionales a ver si asi deja de patalearme el higado. Al Cigoto lo dejas en casa con el pater?

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    1. Te va a salir capillita como la pelirroja!!!

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  3. Yo que soy del norte y allí la semana santa es para tener vacaciones y ir a la playa, cuando me fui a vivir al sur alucinaba con tanto fervor, sobretodo un año que fuimos a Sevilla, pero con los años me acostumbré y hasta me gustó..pero es cierto que viví dos semanas santas con Daniel en su Arrue y fueron horribles no te dejaba pasar ni Dios,nunca sabías a que hora ibas a llegar a casa.... Y ahora que llevamos tes años viviendo por las Italias pues la semana santa es sólo el conejito de pascua que llega con chocolate, fin... Aunque debo decir que ayer me tuve tragar con el iPad a mi marido viendo en directo todas las procesiones de Andalucía...aghhhhh
    Ánimo flor, si en el fondo te gusta un sarao.. jajaj Besos

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    1. A mí me gusta como cuando era mossuela. Un vinito, una tapita, un trono, un vinito... Y así! jajjaa

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  4. La semana es un rollo, lo mires como lo mires, un agobio de gente en la calle, suciedad y cáscaras de pipas por cada esquina y churretones de cera a tutti plen. Que ganas de que pasen pronto estos días... Además, tanto fervor lo veo ridículo, y todos los años igual

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  5. Hace años fui a ver la Semana Santa de Sevilla, y uno de los pasos se retrasó muchisimo y allí esperando cociendonos al sol dije, Joder si que tarda. Y alguieen se volvió enfurecido y me gritó,Al Cristo se le espera lo que haga falta... En fin, que viva la devoción.

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  6. Jajjajaj pues si que la disfrutas, y es así todos los días????? por aquí la semana santa pasa y ni te enteras o soy yo la que no me quiero enterar jajjajj, pero nada, que llevo un lunes de relativo relax, que me ha dado por cristales y armarios, que me estaban llamando a gritos y para dejar de oír a los churumbeles decirme-mamá saca ya los baberos del cajón leches. A llevarlo con calma y clamor.La de los churumbeles.

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    1. Ay. yo es que vivo en mitad de todo el jaleo y me escondo, pero no me dejan... Si por mí fuera huía aunque fuera a Afganistán! jajajja

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  7. Aaaanda, que el domingo vinos al pater comprando el pan con Cigoto y tu estabas con la pelirroja viendo la pollinica!!!!! :-) :-) :-) :-) si en el fondo nos gusta el gentio Flor, yo meti el carrito abriendo paso. ... Q mala madre soy! el chikitin iba tocando pierna a todas las niñas y tirando besos asi q creo q para ser su primera S.S. le ha gustado:-) besos

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    1. Jajjaja, sí me lo dijo!! Salimos de casa a las diez y hasta las nueve me tuvieron en la calle persiguiendo tronos... Y el pater desertó antes de las dos de la tarde, pero eso sí, con Cigoto! jajajjaja

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  8. El año pasado n puede ver nada. No me atrevìa con el gigantocarro con cuco. Pero este, con gigantocarro con sillita, los dos niños, los dos tambores y las dos cornetas de plástico( que creo que deben servir para cazar patos). Y a pedir estampas y caramelos a todos los millones de nazarenos. Mi hijo no deja ni uno sin pedirle. Y el martes santo salieron ellos el mayor de nazareno y el sueco de monaguillo, dando con el cesto a diestro y siniestro. Un horror vamos. Mi marido, un santo( estaba trabajando). Anda que se iba a pedire el día libre, enseguíaaaa.

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