lunes, 12 de mayo de 2014

Aquellos maravillosos tiempos. Los viajes en coche



A diferencia del tópico, mis padres no tenían un 600 - la que lo tenía era mi tía Laly y con él nos estrelló una vez a traición  contra una farola, pero ésa es otra historia- sino un Renault 6 que era un poco más grande y mucho más feo, como ortopédico, de un color amarillo crema depresión y forrado por dentro con pegatinas y calcomanías de los personajes de los Mosqueperros y SportBilly a medio rascar, que daban un aspecto la mar de decadente, incluso en aquella época.

El coche no era especialmente grande, imagino, pero en él cabía la población de Sri Lanka y dos bandas de cornetas y tambores y si nos apretábamos, podíamos incluir a los primos segundos que venían de acople a la comunión de la prima Susana porque el espacio no era un problema para los coches de antes. Vamos, que hasta que no empezabas a morir por asfixia o a cangrenarle las piernas al que estaba sentado bajo el que estabas sentado tú, no se decidía que allí no cabía nadie más. Y claro, allí ni el Tato se ponía cinturón, total si de allí no podíamos desencajarnos sin hacer fuerza, vamos, que si hubiéramos dado tres vueltas de campana con el coche, hubiéramos acabado todos en la misma posición, incluso bocabajo, lo cual puestos a pensar, tenía algunas ventajas.

Y a la Policía aquello le parecía fantástico. Ya podías llevar a un recién nacido en brazos en el asiento delantero, tirando al arco por la ventana mientras llevabas atrás a la abuela y a los primos haciendo un castell con los pies sacados por la ventanilla, que no te paraban… a no ser que tuvieras cara de etarra, claro.

Los viajes solían ser largos porque imagino que el fin de tener un coche era poder ir a la playa que había a 90 kilómetros aunque hubiera tres mejores más cercanas, pero eso daba igual, si tenías coche tenías que hacer viajes interminables sin dvd portátil ni móvil, con suerte con una radio en la que mi padre nos ponía a Miguel de los Reyes o a Los Brincos… y a volar. Muy duro todo.

Yo siempre he sido de marearme mucho, así que solía ir con la cabeza encajada en la ventana, que no se abría entera sino solo un trozo y de manera vertical por lo que te quedaba la cara encajada entre el bastidor y el cristal y cuando venía un bache, además de perder la virginidad, el cuello te crecía dos centímetros y medio.

El coche de mi padre tenía la tapicería de skay, lo cual era un drama, sobre todo en verano, así que muchas veces poníamos toallas para no quedarnos pegados, como cuando veníamos de la playa, que era parte del ritual de cuando tu madre hacía como que te tapaba con la toalla para cambiarte el bañador y todo el mundo te veía el culo y tú acababas llorando. Entonces, mi padre nos ponía la toalla en el asiento y mi hermana y yo, con los pelos chorreando nos comíamos un Drácula o un Tiburón y nos poníamos hasta las cejas pegajosas.

A veces, cuando no venía mi madre, mi hermana y yo nos matábamos vivas por sentarnos delante y abrir la ventana –que ésa sí que se abría entera- y sentirnos súper maduras a los siete años. Y nunca morimos, fíjese usted, y mire que juraría que ni cinturón llevábamos.

Pero eso no era habitual, no por prudencia, dios libre a los padres de antes, sino porque como el coche siempre iba petado de familiares y espontáneos, tú eras el último mono con derecho a sentarse en el asiento delantero que era como el trono de los siete reinos.

De hecho, tan último mono era una, que en más de una ocasión nos han metido en el maletero, no en plan mafioso con cinta americana en las muñecas, que aquello era una cosa muy normal, que de hecho venían con una tapa que se levantaba precisamente para que la gente pudiera llevar a su hijos allí como si fueran ganado, que aquello era una moda muy en boga como los bigotes o los zuecos de madera.

Recuerdo una vez que mi tía Maricarmen nos llevó a una casa de campo en lo alto del monte, con una carretera que hoy la haría hiperventilar, en su Renault 5 amarillo a siete primos hacinados en la parte de atrás, dos de ellos en el maletero junto a la perra Laika –que era la versión perruna de Fujur-, dando saltos en los baches, pidiendo deseos en los túneles y cantando el ‘árbol de la montaña’ la mar de contentos, hasta que entró un abejorro por la pseudoventana y estuvimos media hora pegándonos guantadas unos a otros como en una batalla campal, saltando del maletero a los asientos de atrás y de los asientos traseros a los delanteros, sin saber de dónde te caían las hostias hasta que la perra empezó a hiperventilar y casi se nos suicida ventana afuera y pasamos un rato la mar de intenso al borde de la muerte hasta que mi primo Javi logró expulsar al abejorro con un paquete de gusanitos Lepitos de un duro. Y allí no hubo dramas ni paradas en estaciones de servicio ni reprimendas. Todos aplaudimos, nos recolocamos con nuestras piernecitas sudorosas pegadas a las de al lado, con nuestros minipantalones ‘rockys’ y nuestras camisetas de Amarras y seguimos cantando ‘Cuando Fernando VII usaba pantalón’ a voz en grito.

No eran malos tiempos.

22 comentarios:

  1. Buenos dias Flor
    que penita pena mas grande,con lobien que empezaba el dia leyendo tu blog, pero bueno todo sea porque el trabajo, y mas en estos tiempos, es sagrado.
    Soy mucho mayor que tu, pero mucho mucho.
    y recuerdo los viajes en coche, primero en un gordine, y luego en uun seat 1500
    y recuerdo ir a pasar el dia al campo con los amigos de mis apdres y sus hijos, y claro la tortilla, el pollo ertcet.
    y nadie usaba cinturon de seguridad, ni sillita portabebes, ni la tortilla se ponia mala por el calor, y los niños jagabamos y nos caiamos y lo pasabamos la mar de bien.
    sigue con el blog, aunque sea una vez a la semana.

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  2. Mira que tu eres del sur (si esto fuera una peli americana diría que sureña, jaja) y yo del norte-norte, pero mi infancia ha sido igual que la tuya. Doscientos y la madre metidos en el Forfi de mi ama (Ford Fiesta) sin cinturón, más que nada porque atrás no había. Recuerdo que mi madre nos decía que para caber mejor nos teníamos que poner uno con el culo para delante, el siguiente con el culo para atrás, el siguiente con el culo para delante, el otro con el culo para atras... y así hasta que se te gangrenaran las piernas, jaja. Los pequeños iban sentados en el regazo de los mayores. Así que si entrábamos 5 sentados atrás + 3 o 4 pequeños, imaginate los que cabíamos. Impresionante. Más dos delante, of course, uno+otro en su regazo. Mi madre nos decía "Si veis a la Ertzaintza, bajar la cabeza" y ale, si nos cruzábamos con algún agente de la ley, todos con la cabeza para abajo. Y es que eran los viajes más divertidos. La verdad es que ahora ni se me ocurre bajar a la niña del cole sin su silla reglamentaria, válgame Dios! Y está a 4 minutos en coche de mi casa... pero es pensarlo y me pongo de los nervios.
    Que bonita infancia tuvimos!! Sin tanta chorrada........ sin aplicaciones en el móvil abduceniños (mi hija es capaz de estarse 3 horas seguidas viendo "Clan" en la tablet) ni leches...
    Me entra morriña!

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    1. Por cierto, no pienses que éramos 10 hermanos, que somos 2 pero tenemos muuuuuuuuuuchos primos. Lo de tener muchos primos es algo que también hecho de menos, porque mis hijas no tienen aún ninguno y tampoco tendrán tantos como yo. Tengo 11 por parte de madre y 11 por parte de padre. Una gozada.

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  3. Odio el fútbol...y la culpa la tiene mi padre que cuando veniamos los domingos de vuelta de la casa de la playa (no hija, no era un casoplon con sirvientas y eso...era la casa de mi abuela) lo ponia en el coche, y yo que mareaba en el asiento de atras pues imaginate, mi cerebro asocio el fútbol con el mareo y ahora me dan arcadas cuando oigo retransmitir un partido....buaaaaaggg

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  4. Nosotros somos ocho y viajábamos de maravilla en el mil quinientos azul de mi padre. Como yo era de las más menuditas, tenía la suerte de viajar en algunas ocasiones entre mis padres, ya que, el cambio estaba en el volante y el asiento delantero estaba unido.
    Lo recuerdo con mucho cariño y sin agobios. Todos los que tengamos más de 30 años, nos sentimos identificados con todo lo que has contado. Si no de qué, alguien iba a entender, cómo volvimos de una excursión familiar, con las bragas de una de mis hermanas asomando por la ventanilla para que se secaran con el aire, porque se había caído de culo en una fuente.

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    1. Jajajaja......lo veo, lo veo....jajajaja....qué bueno!!!

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  5. Ay Flor...qué bien has descrito los viajes en coche de mi infancia!! Jajaja con la diferencia de que yo los hacía en un Simca 1200 verde manzana... y con los 40 grados del verano cordobés!! El caso es que yo los recuerdo como muy divertidos!!! Llevas toda la razón... no eran malos tiempos!!!

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  6. mi padre tenía un seiscientos de pequeñitas y luego un wolkswagen polo verde o azul, no me acuerdo bien jajaja recuerdo habernos metido dentro el ciento y la madre cuando íbamos los domingos al chalet de unos amigos....a mi madre le gustaba poner cintas de Dyango y a mí Eros Ramazzotti y a mi hermana esos mariconcetes de New kids on the block, nos peleábamos por poner nuestra cinta y mi padre nos pegaba voces para que nos calláramos y lo dejaramos conducir en paz jijiji

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    1. Marinconcetes!? Eran lo más! La primera boyband

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  7. Jajajajaja. Eso no lo he vivido mucho porque no he sido de familia numerosa pero sí recuerdo esa sensación de poder que daba el sentarse delante. Por cierto, mi madre sí tenía un 600. Besotes!!!

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  8. Hola Flor!!! bonito post, me has despertado tantos recuerdos...., será que me estoy haciendo vieja y me da por el buahhhabuabbbba jajjaja, nosotros teníamos un renault 10, blanco, con los asientos de color camel a los que como fueras en piernas te quedabas pegada y con el perro aquel que meneaba la cabeza en la parte de atrás, recuerdo los viajes, por carreteras llenas de curvas, yo también era de potar, siempre me ponían al lado de la puerta con la condición de que la abriera antes de-, el caso era no potar dentro, vamos, de suicidio jajjajja, recorrer 100km nos llevaba medio día, medio día con la mano en la manilla era un infierno y ahora lo recuerdo y me parece el cielo......Luego estaba mi tío, que era jovencito y nos metía a los primos todos en un mini, llegamos a entrar 15 y el conductor jajjaaj, no sentías agobio ni incomodidad, aquello era ....la leche!!! A veces me pregunto cuando miro a los churumbeles si realmente estarán disfrutando lo mismo que yo a su edad y la respuesta es casi seguro, no, y me da una pena, porque ahora al leer este post fueron tantas las cosas que me llenaron por dentro que lo que en un principio me parecía otra cosa resulta ser un estallido de felicidad....Pero la vida es la vida y ellos seguro que se llevan otros estallidos de otra felicidad. La de los churumbeles.PD- la tía MariCarmen-renault 5- abejorro jajjajja que envidia más sana...jajajjaj

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  9. Hoy ha sido de los de lágrima viva!!! Y no os dejaban conducir??? Porque mi padre era llegar al campo, al río o a algún pueblo perdido y ya nos tenía a todos sentados en sus rodillas con el volante en la mano y cantando por Perales a toda pastilla......muy loco todo!

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    1. Yo he conducido sin carnet, siendo una cría y cantando a gritos Mi carro en las rodillas de un amigo de la familia

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  10. Mi padre conducía un Renold 12 familiar, con maletero grande donde nos metíamos mi hermana y yo ya creciditas. Somos cinco hermanos pero siempre nos tocaba a las dos pequeñas. Viajábamos cada año de La Coruña a Ciudad Real y nos pasábamos el verano tostándonos al sol manchego. ¿Los viajes? Pues eso, 600 km que recorríamos en 15 horas, un sol de muerte a las cuatro de la tarde y yo jugando con las rayitas del cristal trasero que se reflejaba en la piel de mis piernas.. mientras mi hermana gritaba que le sudaban los sobaquillos de las piernas (las corvas)..
    Luego mi padre pensó que aquello era el infierno y hacíamos el viaje de noche, sin camioneros que te daban paso con la mano en sitios de infarto, y sin atascos propios de un 1 de julio... Ahí ya era una delicia. Nos ponían como sardinas, bajaban los asientos traseros, ponían con un colchón e íbamos así toda la noche durmiendo más contentos que unas castañuelas... Y mi padre se hacía la noche sin dormir, con las carreterillas de entonces y con las luces de aquella época y .... sin existir el red bull!!!
    Gracias, Papá.

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  11. Yo eso lo he vivido mas bien con mis tios porque mi padre no tuvo coche hasta bien entrados los 40 así que...
    Pero desde los 6 años he ido sola en autobús, mis padres me montaban y luego mientras el revisor (sip antes en los autobuses había revisor) me daba palique durante la media hora que duraba el trayecto ellos cogían su moto cada uno y se iban por carreteras secundarias para que no pillaran a mi madre que no tenía permiso de conducir en su vespino negra con los pies en los pedales por si se quedaba sin gasolina.. que tiemposss
    Besos.

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  12. yo de eso no vivi nada... de nada.. que fui hija unica/ nieta unica hasta los 9 años y mis padres no me llevaban ni al parque..
    pero no he aguantado la risa! tanto asi q leia un parrafo, me ahoga, me tranquilizaba, hacía otra cosa (estoy trabajando) y de ahi continuaba con el siguiente...

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  13. Yo recuerdo ir a Nerja con el coche hasta los topes, desde la tele a la sándwiches, la jaula del pájaro, el perro que movía la cabeza y la awela quejándose todo el infernal trayecto

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  14. Jajaja, a mí también me tocó viajar en el maletero y con toda la primada hacinada d emala manera en lso asientos traseros... y tan contentos, oiga!!

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  15. ¡Qué bueno, qué bueno, qué bueno! Es verdad lo de los coche de antes. Íbamos el ciento y la madre y allí no pasaba nada. Y no había sillas para los niños pequeños, bueno, sí, para cuando eran muy bebés, pero ya luego, nada de nada. No esas aparatosas sillas que tienen que llevar ahora los niños, que parecen tontitos de grandes que son y aún van en las sillas. Pobres.
    Y lo del maletero... anda que no he ido yo veces en el maletero o mis amigas, cuando hemos celebrado un cumple y mis padres recogían a todas mis amigas a la salida del cole, nos íbamos a casa todos a celebrar el cumple y luego las volvíamos a llevar en el coche al cole donde las recogían sus padres. ¡Qué tiempos! Y nos lo pasábamos en grande todas apretadas y algunas en el maletero.
    Lo del asiento de delante también es verdad. Además, era el único que tenía cinturón, junto con el del conductor y daba ilusión subirse ahí y ponérselo, para luego quitárselo, porque total, no era obligatorio.
    Mi madre tenía un 600 cuando era soltera. Cuando yo nací, tenía un R5 amarillo crema palidusco y luego pasaron a un R11 blanco, que es el que recuerdo de verdad de la buena. Después, vino el Laguna, que ya era una pasada de lo grande que era...Flipábamos con él.

    Ay...qué tiempo aquellos....Qué bonito era todo y qué bien nos lo pasábamos...

    Por cierto, lo de la toalla en el asiento para volver a la playa, eso siempre!!!! Jajajajja

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  16. Me ha llegado al alma lo de las camisetas de Amarras, pensaba que sólo existían en mi ciudad de provincias norteña!!!
    Y la canción de Fernando VII, también pensaba que nadie más la conocía! Salvo a mis amigos de infancia a nadie más le suena. Por cierto que me ha venido muy bien a la hora del puré cuando Elmayor empezaba con los purés...

    Y una última cosa: en un R-12 iban mis padres, mis abuelos y mi hermana mayor y yo...dónde iba yo? en el suelo de la parte de atrás jajajaja

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  17. Es buenísimo! Me encantan estos post de echar la mirada atrás nostálgicas perdidas jajajaja
    Si es que a veces, digo a veces, lo que parece más asalvajado lo es menos... Qué tiempos!

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  18. Flor...te echo mucho de menos. Me encantaba llegar al trabajo y con un café repasar el correo y tu blog...ahora estoy deseando que llegue el lunes...Me encanta como escribes y el soplo de aire fresco y divertido que me llega a través de tus post. Sin duda, tienes un don. Muchas gracias!!!

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