miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cría cuervos


Yo soy una de esas personas que se pasan la vida a dieta, más que nada para entretenerme porque perder lo que se dice perder, sólo pierdo las ganas de vivir, pero una lo hace como quien mete al Euromillón, dispuesta a probar suerte y esperanzada en que un día tenga la combinación ganadora y amanezca con el cuerpo de Blake Livey –mi nueva musa- y si no, pues me conformo con los 100 gramos de reintegro o con el pruebe usted suerte otra vez, que seguro que la próxima semana es la suya.

Por eso, cada vez que la pelirroja se empeña en que me coma con ella sus chocolatinas o sus patatas al jamón, tengo que negarme, no por falta de ganas que yo veo un turrón Suchard y se me ponen los ojos como a Gollum, pero una sabe que es de metabolismo desgraciado y ha de vivir castigada sin grasas saturadas si no quiere acabar como la hermana gorda de Falete.

Pero claro, la niña es un plomo y no acepta un no por respuesta, así que después de inventarme mil excusas sobre que no me gustan las chuches, que si como eso me duele la barrigota o simplemente que no tengo ganas y aún así tener a la niña dándome la vara, insistiéndome, pobrecita mía con este afán de compartir que Dios le ha dado, y refregándome las monedas de chocolate por la cara –que un día de estos voy a sacar la lengua como una rana de charco y le voy a jalar hasta los dedos- me vi obligada a decirle la verdad.

Es que mami no quiere comer chuches para no ponerse gordita / Pero zi tú no eztás goldita, mami / Cómo que no! Mira que culete tan grande se me ha puesto / Entonces ¿nunca máz quierez chuchez? / De momento, no, guapita, pero gracias. Ya si yo quiero, te las pido.

Y parece que la cosa funcionó o al menos dejó de martirizarme unos días, cosa que una agradece que entre la poca paciencia que una gasta y la falta de voluntad frente a las chucherías aquello era una muerte en vida que diría mi madre y su amor por el dramatismo.

Pero claro, todo en esta vida tiene un precio y hace unos días me la llevé al cine y mientras compraba palomitas –porque las palomitas son sagradas- y la niña miraba el merchandaising de Lluvia de Albóndigas 2, el chico del bar me regaló un bombón y puestos a que iba a comer palomitas y por aquello de ‘de perdidos al río’ y por ser educada, lo cogí y justo cuando me lo iba a meter en la boca, la niña vino corriendo como si el edificio estuviera en llamas gritando ‘Noooooo, mamaaá, no te lo comaaaz, que te ponez golditaaaaa’. Y justo cuando ya estaba al borde la muerte por vergüenza suprema, el muchacho que además de ser un encanto estaba ciego le dijo ‘Pero qué dices, si tu madre es guapísima y tiene un tipazo’ / ‘Zí, ¿pero no haz vizto el culete tan grande que ze le ha puezto? Dízezelo tú, mamá’.

Sobra decir que salí corriendo a esconderme en la sala y que me tuve que comer todo el paquete de palomitas para aliviar el disgusto, mientras la pelirroja me miraba triunfante esperando mi agradecimiento por haberme apartado del camino de la perdición.

Cría cuervos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Resfriado para todos


En mi casa somos muy de compartir –todo menos el Suchard, que el turrón Suchard no se encuentra y a ti te encontré en la calle- porque como decía mi catequista Maribel ‘compartir es vivir’ y más ahora que llegan las navidades y hay que ir demostrando bondad y buen talante si queremos trincar algo molón en papanoeles y Reyes Magos, que ya se sabe que esta gente te mira por un boquetillo día y noche sin descanso y no hay que bajar la guardia ni un segundo.

Así que en este afán por compartir, en casa hemos decidido hacer un virus para todos, bueno, mejor dicho, lo que viene a ser un resfriado para todos, que yo ya no sé si son virus o enfriamientos comunes, pero en cualquier caso, un resfriado –cuatro en este caso- de los buenos, que aquí nos gustan las cosas de calidad, que para tonterías siempre hay tiempo.

Eso sí, cada uno lo tiene a su manera, que la originalidad y el sello personal también son valores en alza, así, el pater tiene lo que ha venido a denominarse la tos infinita de oso de las cavernas y se pasa el día y sobre todo la noche aterrorizando al personal con esa tos de tísico tan especial y tan suya. La pelirroja también es de tos, pero la suya es una tos más mocosa, acompañada de nariz taponada con un curioso acento a lo Eros Ramazzotti y con los ojos como brótolas de la congestión. Eso sí, cada vez que aparezco con el spray de mar asegura estar sana como una pera aunque tenga más mala cara que la novia cadáver una mañana de lunes… y no la culpo, porque ese spray te da un chupinazo de agua salada que se te sale por el lagrimal y te deja como si te acabarán de perforar el tabique y las ganas de vivir.

Pequeño pony –léase Cigoto- es más de estornudos y de crujidos nasales mientras respira o mejor dicho, cuando trata de respirar como cuando dejaron a ET en aquel vertedero, pobretico mío, y nos cuesta la vida darle el biberón porque el pobre ha de debatirse entre respirar o comer. Y la supervivencia es la supervivencia pero es que los cereales le flipan. Y es un sinvivir muy grande.

Y luego está una misma, que se compró una chaqueta nueva más bonita que un San Luis y salió a presumir sin abrigo ni nada y claro, el Señor me castigó con dieciocho estornudos por segundo que apenas si me da para tragar saliva y parece que me están dando espasmos mientras Cigoto y sus crujidos nasales me miran como si fueran a quedarse huérfanos de madre.

Así que en un rato nos vamos todos de excursión al médico -menos el pater que es un subversivo y prefiere la automedicación- a que nos vean pediatras y médicos de familia y nos den un chute de algo que nos devuelva la paz en casa, al menos la paz nocturna, que entre lingotazos de sprays nasales, cebollas abiertas que nos dejan olor a sofrito por toda la casa, lingotazos de jarabe expectorante, aromas de eucaliptos, batamantas y Espifines a traición, nos pasamos la noche en vela, dándonos bufidos unos a otros cuando nos cruzamos por los pasillos como si fuéramos almas en pena o penitentes de la Virgen de la Zamarrilla.

Dios quiera que el médico me dé la baja como madre a tiempo completo y pueda dedicarme a regodearme en mi malestar generalizado o que por lo menos, que me recete un viaje al Caribe, aunque tenga que apoquinar el 40 por ciento, que en cuestiones de salud no hay que mirar el duro…

lunes, 2 de diciembre de 2013

Suegra sí hay más que una. 14.- La suegra choni

La suegra choni le compra a tu niña vestidos horribles con tules y brillos imposibles y luego insiste para que se los pongas para la comunión del primo con los zapatos que le compró para su santo, que tienen como una cuña de preadolescente de telenovela y que tienes escondidos al fondo del armario para que nadie los descubra jamás y te ves obligada a inventar mil excusas o alimentar a la niña a base de donuts y chocolatinas para que el lazo zapatero rematado por un brillante rosa, se le quede atascado en las caderas y tengas excusa para poder vestirla de niña normal.

La suegra choni no se corta en decir palabrotas delante de tus niños, quienes las acaban repitiendo como loros cada vez que estás en la cola del supermecado o en la fiesta del niño de tu amiga la pija de Barcelona que es doña perfecta, para dejarte a la altura del betún.

La suegra choni le enseña palabrejas de dudoso gusto para referirse a sus partes nobles y después de dos años luchando contra el mundo para que la niña acepte que pompi también es lo de delante y que el chico sepa que lo suyo es pito y solo pito y que los otros nombres están vetados por la convención de Ginebra, se quedan un fin de semana en casa de la abuela y antes de la hora del almuerzo ya son pequeñas Belenes Esteban indomables.

La suegra choni le compra a la niña doscientos pares de ganchillos de flores hawaianas en tonos flúor y dos millones de gomillas con osos de plástico de cuatro centímetros cada uno en fucsia y morado y en blanco nacarado, para que le hagas las dos coletas y dé le golpe en el colegio.

La suegra choni se muere por los leggins y por los chándales, que si son con pedrería y colganderos de tres por uno en el baratillo, mucho mejor, ‘con lo alegres y lo cómodos que son y es que los chándales ya no son sólo para hacer deporte, que ahora con ese gusto con el que están hechos, te sirven hasta para salir un domingo’.

La suegra choni se echa las manos a la cabeza cuando le dices que has apuntado a la nena al ballet y al niño a pádel y antes de que te des cuenta ya te los ha apuntado a Full Contact para contrarrestar ‘¿no ves que la niña es una pava y al chaval me lo estás amariconando, chiquilla? Menos mal que está aquí su abuela.’

Cada lunes, un nuevo modelo de suegra en ‘Suegra sí hay más que una’. Es hora de sacar la lengua viperina que Dios nos ha dado, criticar, desahogaros y puntuar a la vuestra con nuestra típica puntuación del 1 al 10… Yo me abstengo, que para eso mi suegra es un primor –y me lee- jajjaja, pero vosotros podéis dejaros la bilis… No sé por qué me da que va a haber muchos comentarios anónimos… A criticar!!! Y que no se ofenda nadie, que esto es para divertirnos!!