lunes, 10 de agosto de 2015

Lo que yo te diga

Vale que las madres de antes no tenían el Canal Disney, ni pañales desechables, ni lavadoras ni el poder reparador del Dalsy, pero a cambio tampoco tenían que enfrentarse a artículos de prensa, libros, programas de televisión, psicólogos, pedagogos y el vecino del quinto que pasaba por allí hablándole de autoestima infantil, la realización personal del niño o las diferentes inteligencias emocionales como parte indispensable de la educación de los hijos a no ser que quieras abocarlos a la perdición y el malvivir futuro.

Yo que soy de la vieja escuela y que de hecho prefiero el Apiretal al Dalsy – esto es como ser juradista o pantojista porque en la vida hay que posicionarse-, creí que con tener a los niños cuidados y felices, con todo el esfuerzo y trabajo que eso supone, había cumplido objetivos y hasta podría osar a pensar que soy una buena madre. Pues mire usted, ni mijita.

Al parecer uno debe tener hijos educados pero debe educar desde el respeto, esto es no gritar cuando te lanzan a la cara un balón de reglamento, sino explicarle al niño de turno que eso no está bien con palabras llenas de cariño y amor, aunque el niño se ría en tu cara y tú apenas puedas vocalizar con el labio hinchado nivel Carmen de Mairena.

Tampoco se puede decir la palabra no, a no ser que sea para reforzar un pensamiento positivo. O sea, sí se puede decir ‘No eres una vaga del copón’ pero jamás un ‘No se te ocurra tirar la maceta por la ventana’ sino sentarse a debatirlo. Que los debates con niños de cuatro años han de ser tan fructíferos como lo de Grecia con la Troika e igual al final tienes que dejarle lanzar el helecho ojopatio abajo e incluso en una muestra de apoyo a su libertad individual, abrirle la ventana.

No obstante, como soy una persona bipolar tendente a complicarme la vida por placer y vicio, decidí que igual era una madre demasiado antigua que dialogar, dialoga pero que siempre tiene la última palabra y eso según los pedagogos es como un parricidio emocional, así que decidí probar a ser una madre moenna y tocapiés sin preparación psicológica y sin lexatines a mano.

Así que decidí explicarle a la pelirroja por qué debía hacer los deberes y que era libre de no hacerlos si no quería pero que como todo, aquello tendría unas consecuencias como que de mayor en lugar de tener un trabajo bonito y que le gustara y que ganara un buen sueldo para hacer viajes y tener cosas chulas, estaría recogiendo cacas de perro. La niña por supuesto se quedó con lo de ‘eres libre de no hacerlos’ y con los ojos desorbitados de la emoción, me dejó claro que recoger cacas no era tan mala idea porque ‘ze pueden recoger con guantez’. Y se fue a ver la tele.

Luego me decidí a subirle la autoestima, que teniendo en cuenta lo vergonzosa que se ha vuelto la pelirroja pensé que a lo mejor hasta nos venía bien. Así que me dediqué a decirle lo bien que tocaba la flauta infernal, darle la razón en su afirmación de que había nacido con talento para el kárate y el baile y de que sus dibujos deformes eran lo más. El resultado ya no fue sólo tenerla dando patadas sin ton ni son por la casa –daños colaterales de ver Kárate Kid-, ni soportando bailes arrítmicos de coreografías imposibles y aplaudir como si estuviera viendo a Baryshnikov sino que empezó a venirse arriba y a vacilarle a cualquiera con sus muchas dotes artísticas. ‘Mamá, dizezelo que yo tengo máz talento para el kárate que nadie’ eso cuando no se aprovechaba de su arte y me regalaba dibujos hechos en tres nanosegundos, feos como demonios y coloreados a un solo color en plan ‘ésta se lo traga todo’.

Yo no sé si los pedagogos y los psicólogos tendrán hijos y si estos serán o no pelirrojos, listos y picarones como los míos, de hecho no sé si escriben estas cosas para torturarnos o para reírse a nuestra costa, lo que tengo claro es que en una semana de hacer de madre tocapiés la pelirroja entró en flojera terminal nivel ‘muelle de guita’, se convirtió en una creída vacilándonos a todos con sus talentos inexistentes y ni siquiera conseguí que se le pasara la vergüenza. Una ruina.

Pasada la resaca y la locura transitoria, cuando me vio dedo en alto y cara hitleriana encomiándole a sentarse para hacer los deberes sí o sí, me miró y pensó en vacilarme pero viéndome la ceja levantada, fue consciente, imagino, de que el chollo de madre comprensiva y zen se había acabado y vino rauda y veloz y mientras abría la libreta me dijo ‘Menoz mal que eztás tú, mamá, porque zi no iba a tener que recoger cacas con el azco que me dan’.

Pues eso.

Ahora me queda por solucionar el tema de la flauta y lo del talento innato para el kárate. Igual le mando un anónimo.

14 comentarios:

  1. Yo a la mía le decía lo de su futuro profesional, pero hablandole de los gitanos barrenderos que hay en Sofía. Eso la hizo reaccionar porque además a la mayoría les faltan dientes y a ella le dan miedo.
    Creo que educar es lo más difícil que he hecho en mi vida, y esto sólo acaba de empezar...

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    1. Aquí tienen dientes de oro así que a la mía que es una choni seguro que le pirran! jajjaja

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  2. Si, está claro que nuestras madres vivían mejor a pesar de no tener pañales desechables, Clan y otras muchas comodidades... porque no tenían a C****s G******z dando por culo todo el día con sus artículos sobre el respeto y la teta, a L*****a G*****m diciendo que si el niño tiene cólicos es porque nota el rechazo de la madre y mil po*****s del estilo. Que lo hacían como creían que había que hacerlo y ya. Buffffffffffffff, ser madre en el siglo XXI es más complicado que ser neurocirujano.

    Espero que a la pelirroja se le pase pronto el superego, jaja. Y a ver si nos cuentas algo de Nicoletto, que hace mucho que no sabemos nada de él! Tan bien se porta?? Porque la mía me tiene en un sinvivir, el otro día se partió una paleta haciendo el burrico con su hermana... sniffff... piño recién estrenado y ya roto :'(

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    1. Uff, el hermanísimo sigue igual de malvado, pero la criatura al ser el segundón tiene que buscarse solo la vida y parece que va madurando, jajajja

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  3. jajajaja, pues es que esto de ser mamá es una tarea de ensayo y error, aunque soy psicóloga, me importa un cacahuate si el niño se trauma o no se trauma (que yo se que no se trauma) con mis regaños y gritos y eso de amenazarlos con el futuro, yo lo hice con Max, mi peque, que ahora ya pasa a tercer grado, y más o menos tiene asimilada la idea de que hay que hacer tarea (mira tú, con tres años de jardín de niños y 2 de primaria), pero en primero de primaria y ante su rebeldía hubo que decirle, está bien , no hagas la tarea, pero en esta casa no hay mantenidos, papá y yo trabajamos, tu hermano estudia y si tú no quieres estudiar pues a trabajar, mañana mismo te compro una caja de chicles y te pongo a venderlos en la esquina y no creas que el dinero será para tí, me lo tienes que dar para comprarte tus cosas.... santo remedio, jajajaja

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  4. Jajajajaja, a mí me pasa igual, me muevo de un lado a otro en esto de la maternidad. Intento ser Zen, pero sin perder el momento " niña recoge los juguetes pero ya" , sin debate.

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  5. Nada, nada, Flor, eres una mala madre de manual...bienvenida al club!!! XD

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    1. Ya te digo. Y es que no he hablado de las ganas de irme de juerga con las amigas! jajajaj

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  6. Jajaja...me encanta la pelirroja, es que es mucha pelirroja jajajaj. Pues eso, que a mí tampoco me convencen mucho los manuales esos de crianza, no puedo negar que con el primero me puse en plan , pero me duró medio telediario jajaja.Ahora es a lo que salga, como salga y donde salga...y visto lo visto, que oye, ni tan mal...nos va.!!!??? Lo importante es conservar la poca salud mental que me queda...La de los churumbeles. Disfruta la semana guapa!!

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    1. Di que sí, hay que sobrevivir. Y ya es mucho!

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  7. Ah los hijos!! Que tiempos aquéllos que con un tortazo entrabas en razón a los tres nanosegundos. A mi chiquilla sólo levanto una ceja y ya está amenazándome con llamar a la policía, Espártacus, la maestra, a la abuela y a todo aquél que pueda defenderla de su madre abusiva. ¡Te mando un abrazo Flor! sigues siendo mi bloguera preferida, aunque ya comente menos porque ésto del trabajo siempre complica.

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    1. Muchas gracias, guapísima, por seguir ahí!! Un superbeso!

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