lunes, 16 de noviembre de 2015

Entrenamiento rural


Como primer paso de nuestro yunquerismo fraudulento, el sábado nos fuimos al campo. A lo loco. Me llamó mi hermana que está loca por trincar un rayo sol y me lo propuso esperando de mí un grito de horror pero como ahora soy slow y me debo al mundo rural, dije que sí, total una debe acostumbrarse al senderismo y a las alimañas del bosque si va a hacerse ermitaña un día de estos, así que me tiré al armario en busca de algún atuendo adecuado para la ocasión.

Yo no tengo chándal por principios, ni pitillos ni nada ligeramente deportivo que no sean los culottes que me compré cuando me dio por el spinning y que tienen culo propio, como si no tuviera una suficiente con el suyo, y poco más. Los vaqueros estaban descartados porque los míos son más bien estrechos tirando a “en realidad usted tiene una talla más” y no era plan de perforarme la pleura frente a un olivo y darle un mal rato a los domingueros. Pero por suerte descubrí un pantalón de H&M de esos que una nunca sabe si es un pijama o un chándal y me lo coloqué con una camiseta de leopardo que es la única cosa de manga corta que tenía a mano y que me daba un aspecto muy de extrarradio o de simpatizante de Camela, pero mire usted, en el campo todos los gatos son pardos.

Y allá nos fuimos, todos disfrazados, porque en esta casa éramos muy urbanos y no teníamos fondo de armario campestre, a tirarnos al monte como los maquis, eso sí, previa hora de carretera por los montes de Málaga con el estómago en la nuca. La primogénita preparada con dos litros de Biodramina en sangre, pero el aspirante, que nunca se había mareado, iba a pelo y se tornó verdoso a mitad del camino, vomitando todo lo que tenía que vomitar. Y un poco más.

Pero aquello no nos iba a amedrentar con lo contenta que iba yo con mi gorra y mi cara de campestre novata, aunque como somos unos gafes, cuando llegamos a la zona de ‘esparcimiento’ en lugar de las mesas habituales, sólo estaban las patas porque al parecer estaban desmantelándolas para cambiarlas así que no había donde sentarse más que tirados en el suelo en plan 15-M o sobres las futuras patas para perder la virginidad o tontear con un desgarramiento anal.

Así que improvisamos un campamento horrible, con tablones llenos de hormigas que colocamos sobre las patas y que cuando nos sentábamos se torcían cual balancín y acababan lanzando la tabla por los aires para terror de los otros campestres que vieron amenazada su integridad física como quince veces, dieciséis si contamos cuando Cigoto lanzó un tarugo de leña contra el campamento colindante para desfogar su lado pandillero para terror de una señora que casi se cae en su propia paellera.

Por supuesto, allí de slow no había nada o igual sí lo había antes de llegar nosotros, quién sabe, con tanto niño corriendo, la parrilla lampona por achicharrarnos la cara, el pantalón pijama arrastrando una hilera de piñas y la pelirroja con su agilidad limitada mordiendo el polvo por todos los terraplenes con cara de horror.

Pero en el mundo rural, el ánimo nunca decae y mi hermana nos llevó de excursión a coger piñas y madroños, donde estuve a punto de encontrar la muerte clavándome una rama en la sien, pero emocionada con los bolsillos de la parka llenos de madroños y una bolsa llena de setas preciosas que nos encontrábamos por el camino junto a flores espantosas y restos de lo que parecían piñas devoradas por un jabalí que me iba dando el niñerío a modo de trofeo campestre mientras se daban leñazos contra todo arbusto existente y yo me infartaba por las esquinas.

El único que parecía haberse criado en el campo era el aspirante, mire usted, qué clase para apartar matojos, agacharse en el momento justo y hasta rodar cual croqueta para evitar un peligro mayor. Hasta que en un traspiés se desolló toda la barriga con las hojas secas y le vio los ojos a la muerte y yo para rescatarlo, también, con el consecuente despachurramiento de madroños bolsilleros que se convirtieron en una masa amarillenta y pegajosa que acabó traspasando la parka y el pantalón pijamero y haciéndome una especie de mascarilla natural sobre la pistolera derecha para cachondeo general del personal, sobre todo del pater, que encima me tiró las setas con la ilusión que yo tenía en el cuerpo, porque al parecer no eran aptas para el consumo.

Con estas y otras magulladuras más, llegamos a casa siete horas después de haber salido, con los pelos foscos y semicardados de los enganchamientos sorpresa con la arboleda,  con suciedad para repellar dos casas, con olor a candela en las entrañas, tres madroños pegajosos que sobrevivieron a la masacre, un puñado de aceitunas verdes en un vaso de Peppa Pig y la certeza de que en esta casa necesitamos más cultura campestre. 

Y un euromillón, claro, pero ésa es otra historia.

13 comentarios:

  1. Que bueno!! Mola la salida campestre con más gente!! Así los niños se desahogan! Y mira, has descubierto el lado campestre de cigoto!! Esta claro Flor, tenéis que repetir!! Eso si, hazme el favor y pasate por un Decathlon y te compras un algo más sport eh? jijijiji....

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    1. Sí, tengo que inaugurar un fondo de armario campestre!! jajja

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  2. Jajajaja. Recuerdo que la última vez que me convencieron para ir de excursión tuve que ir a comprarme un pantalón de chandal porque yo tampoco gasto de eso. Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Y porque ahora se llevan las zapatillas que si no...

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  3. Te diré que, no se en Málaga, pero en Asturias está prohibido coger las piñas de los bosques. Que lo mismo, en otro momento slow, os pilla la Guardia Civil y os cruge con una "recetita". Yo aviso. Besos.

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    1. Je, je.... Es verdad, aunque alguna se puede coger. Lo que sí, te meten una multa si llevas las setas en una bolsa de plástico porque las esporas se pierden. Hay que llevarlas en una cestita de mimbre de toda la vida.
      Asi que mejor vete pa casa, que están al acecho muchas multas... je, je..

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    2. Maremía!! Para que encima me hubieran enchironado, con lo mal que estoy yo de lo mío... jajajja

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  4. Jajajajjaaaa....,si que te ha cundido el fin de semana. Me alegra saber que la cosa va en serio, aunque me imagino las escenas, que tan bien has descrito, y no sé si inclinarme al miedo o a la carcajada...Pero ya veo que el día estuvo con algo de todo, como de botica jajaja. Y lo que te dejas en el tintero??? euromillón???!!! cuenta, cuentaaaaa, tiene pinta de ser algo bueno jajajaj. La de los churumbeles. Pd- no te preocupes por el ropaje, yo acostumbro a salir con lo que ya está considerado -no ponible- más que nada por que a estos más de una vez les ha dado por llenar los bolsillos con cacas de cabra, que según ellos tan redonditas y bien hechas no pueden ser mierda, son de colección.

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    1. Jajjajajaj, en la primera granja escuela de la pelirroja tuvimos cacas de cabra por tooooda la casa. Danger!!

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    2. Redonditas y bien hechas ¿cacas de cabra? No pueden ser mierda, son de colección. Sí sí sí, GRAN VERDAD ;)

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  5. Jajajaja que Arte! Me encanta tu blog! Te he dejado un premio en el mío... Sé que de tiempo estamos fatal, pero como eres uno de los blogs que suelo leer... Pues te lo regalo... La próxima vez que sea un jamón no? Besos

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  6. Yo me apunto a la próxima. Ya miramos la agenda para cuadra el domingo...... Jajjajaja

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